La importancia de la formación en el Socorrista

31 Mayo 2016, 10:00 am Escrito por 
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Durante todo el año 2015 fallecieron ahogadas en España 437 personas, una cifra muy elevada para cualquier país desarrollado. Para explicar tan terrible cifra debemos iniciar un análisis más detallado de las características de las víctimas y de la situación actual de los entorno acuáticos españoles.

Más de la mitad de los accidentes con resultado de muerte tuvieron lugar en playas, esto es debido a la masiva afluencia de turismo tanto nacional como extranjero que acude a disfrutar de sus vacaciones en un entorno costero, el 12% de las víctimas fueron en piscinas y parques acuáticos y el 29% restante en pantanos, ríos o canales.

Lo más sorprendente de estas cifras es que 319 casos de muerte por ahogamiento en entornos acuáticos no existía ningún servicio de salvamento o socorro. Esto podría significar que se produjeron 319 muertes evitables si en esa instalación, playa o entorno natural se contará con un servicio especializado en salvamento y rescate acuático.

Existe un consenso general en que la presencia de socorristas en el medio acuático es una medida de seguridad necesaria para el disfrute sin riesgos de actividades en estos entornos (Harel, 2001; Pelletier y Gilchrist 2011 citados por Sanz 2011). Lo que no está tan claro es cómo organizar estos servicios de rescate.

En España son las Comunidades Autónomas las que regulan la presencia de socorristas en los entornos acuáticos sobre los que tienen las competencias transferidas. No coincidiendo en ningún caso las legislaciones entre comunidades. Existen incluso zonas como son Ceuta y Melilla, que no han desarrollado ninguna normativa al respecto y la regulación de los servicios de salvamento y socorrismo en sus piscinas y playas viene regulada por una normativa estatal de 1960 que obliga a lo siguiente en materia de piscinas:

“Las piscinas públicas tendrán, indispensablemente, bañeros que sean expertos nadadores, adiestrados en el salvamento de náufragos y conocedores de la práctica de los ejercicios de respiración artificial en casos de asfixia por inmersión. El número mínimo de aquellos será de dos si el aforo de la piscina no exceda de doscientos bañistas. Cuando exceda, por cada doscientos o fracción habrá, al menos, un bañero más".Art. 22 de la Orden de 31 de mayo de 1960.BOE n. 141, 13.6

Esta normativa está claramente obsoleta puesto que ni siquiera regula los conocimientos mínimos que debe tener lo que llama “bañero” no específica el personal sanitario necesario.

A esto se añade el problema de que habitualmente las normativas solo dan unas pautas mínimas sobre cuántos socorristas debe haber por espacio acuático así como la formación de estos. Estas normas suelen ser insuficientes por escasas y ambiguas a la hora de garantizar una buena calidad del servicio, puesto que obvian aspectos básico sobre la coordinación entre socorristas o la situación de cada uno de ellos en el entorno acuático (Sanz, 2011).

Hablemos ahora de la labor que desarrolla el socorrista y su papel para evitar que se produzca cualquier tipo de accidente. Según Palacios el socorrista tiene la obligación de “velar por la seguridad de los usuarios de las piscinas e instalaciones acuáticas, previniendo situaciones potencialmente peligrosas e interviniendo de forma eficaz ante un accidente o situación de emergencia” (Palacios, 2008). Según esta definición se diferencian claramente dos ámbitos de actuación; por un lado prever situaciones peligrosas y por otro intervenir de manera eficaz. En contra de lo que piensa mucha gente no es mejor socorrista aquel que realiza muchos rescates de manera eficaz, sino aquel que es capaz de anticiparse a situaciones potencialmente peligrosas y evitar que se produzcan consecuencias lamentables. La prevención es por tanto un pilar fundamental en salvamento.

Pero la prevención y la vigilancia puede verse limitada por diversos factores, entre ellos:

● Recursos materiales y humanos disponibles

● Condiciones laborales

● Condiciones de las instalaciones

● Condición física del socorrista

● Preparación técnica del socorrista (Pascual citado por Sanz 2011)

Es sobre estos dos últimos sobre los que quiero centrar la atención puesto que son sobre los que más control tiene el propio socorrista.

La condición física se entiende como la “capacidad de un individuo de realizar un ejercicio a una intensidad y durante una duración específica” (Anshell, 1991). Podríamos entenderlo como la capacidad del socorrista de soportar cualquier exigencia producida por un evento en el que tenga que actuar. Esto es una cuestión muy importante a la hora de desarrollar la labor del salvamento, según Abelairas et al. en una RCP en fatiga el número de ventilaciones eficaces desciende un 20% en relación a la realizada en reposo. Por lo tanto si retrasamos lo máximo posible la aparición de la fatiga durante el rescate acuático, estaremos contribuyendo a realizar una RCP de más calidad.

Por otro lado la preparación técnica resulta de vital importancia a la hora de abordar cualquier situación de emergencia. El la mayoría de los casos de accidentes graves en los que se aprecia responsabilidad civil, esta viene dada no por la ausencia de socorristas si no por la negligencia de estos (Lloveras 2002). Esta negligencia se puede dar por omisión, técnico que no realiza sus funciones o por acción cuando el socorrista actúa de manera perjudicial para la víctima.

Es fundamental que el socorrista posea la mejor preparación tanto técnica como física posible a la hora de enfrentarse a situaciones que requieran su actuación, esto es un pilar fundamental para reducir ese dramático número de víctimas con el que empieza este texto.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

- Arizaga Pérez, M.J(2010) “El tratamiento de la condición física. Evolución histórica y tendencias actuales” Año 1. Num 3. EmasF. Revista Digital de Educación Física.

- Sanz Arribas, I. (2011). “La coordinación de socorristas en piscinas con grandes láminas de agua”. Revista Internacional de Medicina y Ciencias de la Actividad Física y el Deporte vol. 11 (44) pp. 650-673.

- Lloveras, M.R(2002) “Muerte en la piscina. Guía legal y jurisprudencial, a propósito del Decreto catalán 165/2001 de 12 de junio, sobre el socorrismo en las piscinas” Revista para el Análisis del Derecho.Nº1 2002.

- Abelairas Gómez, C. et al (2012) “Efecto de la fatiga física del socorrista en los primeros cuatro minutos de la reanimación cardiopulmonar posrescate acuático” Emergencias. Revista de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias. Vol 25 Nº3 pp 184-190.

- Real Federación Española de Salvamento y Socorrismo (2015) “Informe Nacional de Ahogamientos”.

 

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Andrés Maroto

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